La Función Ejecutiva. Cómo la Práctica hace al Maestro.
¿Qué son las funciones ejecutivas?
Las funciones ejecutivas (FE) se refieren al conjunto de procesos mentales descendentes necesarios cuando una tarea requiere concentración y atención, y cuando actuar de forma automática o instintiva sería insuficiente o imposible.
Un proceso mental “descendente” significa que el cerebro utiliza el conocimiento previo, las experiencias y el contexto para interpretar la información entrante.
En resumen, las FE son todos aquellos procesos mentales en los que el cerebro utiliza información previa para tomar una decisión cuando el instinto no le es suficiente.
Utilizar las FE requiere esfuerzo. Es más fácil continuar con lo que ya estaba haciendo que cambiar; es más fácil ceder a una tentación que resistirla; y es más fácil actuar en «piloto automático» que detenerse a considerar qué hacer a continuación.
Las FE son habilidades esenciales para la salud mental y física; el éxito escolar y en la vida; y el desarrollo cognitivo, social y psicológico.
Tipos de Funciones Ejecutivas:
Existen tres FE básicas:
- Inhibición o control inhibitorio: incluye el autocontrol (inhibición conductual) y el control de la interferencia (atención selectiva e inhibición cognitiva)
- Memoria de trabajo (MT)
- Flexibilidad cognitiva, flexibilidad mental o cambio de perspectiva
A partir de estas, se desarrollan las FE de orden superior, como el razonamiento, la resolución de problemas y la planificación.
Inhibición o control inhibitorio:
La inhibición es la capacidad de controlar la atención, el comportamiento, los pensamientos y/o las emociones para contrarrestar una predisposición interna o una tentación externa, y en su lugar hacer lo que es más apropiado o necesario.
Sin control inhibitorio, estaríamos a merced de los impulsos, a los hábitos de pensamiento o acción (respuestas condicionadas) o a los estímulos del entorno. El control inhibitorio nos permite cambiar y elegir cómo reaccionamos y cómo nos comportamos, en lugar de ser criaturas irracionales de hábitos.
El control inhibitorio de la atención (control de interferencias) nos permite prestar atención selectivamente, centrándonos en lo que elegimos y suprimiendo la atención a otros estímulos. Por ejemplo, concentrarse en una sola voz en una habitación llena de gente hablando.
De igual manera, también podemos optar voluntariamente por ignorar ciertos estímulos y prestar atención a otros según nuestro objetivo o intención. A ésto se le conoce como control atencional o inhibición atencional, atención endógena, descendente, activa, voluntaria, volitiva o ejecutiva.
Un estímulo llamativo, como el movimiento visual o un ruido fuerte (ej, un claxon), atrae nuestra atención, lo queramos o no. Esto se denomina atención exógena, ascendente, automática o involuntaria y está fuera de nuestro control.
Otro aspecto del control de la interferencia es la supresión de representaciones mentales predominantes (inhibición cognitiva). Esto implica resistir pensamientos o recuerdos incómodos o no deseados, incluyendo el olvido intencional, resistir la interferencia proactiva (cuando un recuerdo antiguo bloquea nueva información) y resistir la interferencia retroactiva (cuando una memoria nueva bloquea información antigua).
El autocontrol es el aspecto del control inhibitorio que implica controlar las conductas y emociones propias. El autocontrol consiste en resistir las tentaciones y no actuar impulsivamente. La tentación a la que se resiste puede ser la de ceder a gustos indebidos (ej, comer un postre aunque esté intentando adelgazar), la de excederse (ej, desvelarse viendo series la noche antes de trabajar), o desviarse de las normas (ej, robar). También puede ser la tentación a reaccionar impulsivamente (ej, golpear a alguien que me insultó).
Otro aspecto del autocontrol es mantenerse concentrado en una tarea a pesar de las distracciones y completarla a pesar de la tentación de rendirse o hacer algo más interesante o divertido. Esto implica obligarse a hacer algo o a perseverar aunque prefiera estar haciendo otra cosa. Se relaciona con el último aspecto del autocontrol: postergar la gratificación, es decir, renunciar a un placer inmediato a cambio de una recompensa mayor a largo plazo (ej, estudiar todos los días para pasar un examen).
El control inhibitorio es mucho más difícil para los niños pequeños. Sin embargo, el control inhibitorio en la infancia parece ser un buen predictor de los resultados a lo largo de la vida, incluso en la edad adulta. En un estudio realizado por Moffitt et al. en 2011, se siguió durante 32 años a 1000 niños nacidos en la misma ciudad y en el mismo año. Los investigadores descubrieron que los niños que entre los 3 y los 11 años tenían un mejor control inhibitorio tenían más probabilidades de seguir estudiando en la adolescencia y menos probabilidades de tomar decisiones arriesgadas, fumar o consumir drogas. Treinta años después, estos niños gozaban de mejor salud física y mental, ganaban más dinero y eran más respetuosos ante la ley que aquellos con un control inhibitorio deficiente en la infancia, independientemente del coeficiente intelectual, el género, la clase social y las circunstancias familiares y de su entorno durante la niñez.
Memoria de trabajo:
La memoria de trabajo (MT) implica retener información y procesarla mentalmente. Dicho de otro modo, es procesar información que ya no está presente perceptualmente.
Existen dos tipos de MT dependiendo de su contenido: la verbal y la no verbal (visoespacial). La MT es fundamental para comprender cualquier acontecimiento que se desarrolle a lo largo del tiempo: recordar lo sucedido anteriormente y relacionarlo con lo que viene después. Por lo tanto, la MT es necesaria para comprender el lenguaje, realizar cálculos mentales, reordenar mentalmente elementos (ej, organizar una lista de tareas), traducir instrucciones a planes de acción, incorporar nueva información y actualizar planes de acción, considerar alternativas y relacionar información para derivar un principio general (ej, resumir un texto) o identificar relaciones entre elementos o ideas.
La MT es fundamental para nuestra capacidad de ver conexiones entre cosas aparentemente desconectadas y de separar elementos de un todo integrado, y por ende, para la creatividad, ya que esta implica desarmar y recombinar elementos de formas novedosas. La MT también nos permite aplicar el conocimiento conceptual, y no solo la información perceptiva, a nuestras decisiones, y considerar nuestros recuerdos del pasado y nuestras esperanzas futuras al planificar y tomar decisiones.
La MT (retener información en la mente y manipularla) es distinta de la memoria a corto plazo (simplemente retener información en la mente).
Flexibilidad Cognitiva:
La flexibilidad cognitiva (FC) se basa en las otras funciones ejecutivas y aparece mucho más tarde en el desarrollo. Un aspecto de la FC es la capacidad de cambiar de perspectiva espacialmente (ejemplo, imaginar cómo se vería un objeto desde otra dirección) o interpersonalmente (ejemplo, ver un conflicto desde otro punto de vista). Para cambiar de perspectiva, necesitamos inhibir nuestra perspectiva anterior y cargar en la MT una perspectiva diferente.
Otro aspecto de la FC implica cambiar nuestra forma de pensar sobre algo (pensar de forma innovadora). Por ejemplo, si una forma de resolver un problema no funciona ¿podemos encontrar una nueva manera de abordarlo o concebirlo que no se haya considerado antes?.
La flexibilidad cognitiva también implica la capacidad de adaptarse a cambios en las demandas o prioridades, admitir errores y aprovechar oportunidades repentinas e inesperadas. Existe una gran superposición entre la flexibilidad cognitiva y la creatividad, el cambio de tareas y la flexibilidad cognitiva. La flexibilidad cognitiva es lo opuesto a la rigidez.
Funciones ejecutivas de orden superior: razonamiento relacional, lógico o inteligencia fluida:
La inteligencia fluida es la capacidad de razonar, resolver problemas y percibir patrones o relaciones entre elementos. Incluye tanto el razonamiento lógico inductivo como el deductivo. Implica la capacidad de comprender las relaciones abstractas subyacentes. Es el resultado del trabajo conjunto de las tres funciones ejecutivas principales.
¿Es beneficioso siempre utilizar las funciones ejecutivas? La práctica hace al maestro
Para componer una pieza, un músico debe hacer uno de las tres funciones ejecutivas básicas: control de inhibición (sentarse a practicar diario, no distraerse mientras practica), memoria de trabajo (tener presente cómo quiere que suene la canción, qué quiere comunicar, qué escalas va a usar), y flexibilidad cognitiva (crear una melodía original, improvisar). Sin embargo, al momento de presentar el concierto, no hay tiempo de repetir el proceso entero de crear la canción, debe hacerlo automático.
Al aprender algo nuevo, necesitamos de la corteza prefrontal lateral. Cuando algo es nuevo, quienes activan más ésta área suelen obtener mejores resultados. Sin embargo, una vez que algo deja de ser nuevo, quienes la activan menos son quienes obtienen mejores resultados. Cuando se domina una habilidad, el control descendente – y por lo tanto las funciones ejecutivas – se utiliza muy poco, o incluso nada. De hecho, cuando se es realmente bueno en algo, pensar en lo que se está haciendo a menudo dificulta el buen desempeño. Por lo tanto, al inicio del entrenamiento, la alteración de la función de la corteza prefrontal lateral perjudica el rendimiento en la tarea, pero alterarla una vez que la tarea es familiar puede mejorarlo.
Un niño puede saber intelectualmente (a nivel de la corteza prefrontal) que no debe golpear a otro, pero en el calor del momento, si ese conocimiento no se ha vuelto automático (transmitido de las regiones prefrontales a las subcorticales), golpeará a otro (aunque si se le pregunta, sabe que no debe hacerlo). Es la diferencia entre saber lo que se debe hacer a nivel intelectual y que se convierta en algo instintivo. La forma en que algo se vuelve instintivo o automático es mediante la práctica repetida. La clave para alcanzar la verdadera excelencia en cualquier cosa: horas y horas de práctica.
Bibliografía:
Diamond A. (2013). Executive functions. Annual review of psychology, 64, 135–168. https://doi.org/10.1146/annurev-psych-113011-143750
Moffitt TE, Arseneault L, Belsky D, Dickson N, Hancox RJ, et al. (2011). A gradient of childhood self-control predicts health, wealth, and public safety. Proc. Natl. Acad. Sci. USA. 2011;108:2693–98. doi: 10.1073/pnas.1010076108.


