¿Te has preguntado por qué ciertas películas te marcan de forma tan personal? El cine activa procesos inconscientes como la transferencia, conectando con nuestros afectos más profundos.

Ir al cine es, muchas veces, sumergirse en un mundo ajeno que, paradójicamente, revela lo más íntimo. Una película nos captura, no solo por lo que cuenta, sino por lo que despierta. A veces, un personaje secundario nos duele más que el protagonista. A veces, una escena sin palabras toca un lugar antiguo que no sabíamos que seguía abierto. ¿Por qué?

Como si estuviéramos observando la superficie de un estanque, el cine refleja, pero también distorsiona, y es en esa distorsión donde se abre el espacio para algo más que entretenimiento: la transferencia psíquica.

En el psicoanálisis, la transferencia es el proceso por el cual el paciente traslada a su analista emociones, expectativas y fantasías inconscientes originadas en figuras importantes de su vida, especialmente de la infancia. Es una reedición, un desplazamiento, una repetición con nuevos ropajes.

Pero el consultorio no es el único escenario donde esto ocurre. También transferimos en la vida cotidiana: en relaciones amorosas, en vínculos laborales… y en la pantalla.

En el cine, los personajes pueden convertirse en objetos transferenciales. No porque los confundamos con personas reales, sino porque encarnan afectos, conflictos o heridas que nos pertenecen.

Amores, odios y proyecciones: transferencia en el espectador

El espectador no es una figura pasiva. Desde el primer plano, algo se moviliza. Un personaje puede irritar “sin razón aparente”, o generar una simpatía inmediata. Pero ese “sin razón” nunca es sin historia. Como escribió Roland Barthes: “El cine no me muestra el mundo, me muestra mi deseo”.

Nos proyectamos en los personajes no porque sean iguales a nosotros, sino porque activan zonas dormidas. En ocasiones, amamos a quien deseamos ser; en otras, odiamos a quien tememos parecernos. Y allí donde la identificación se profundiza, la transferencia opera como una corriente submarina.

Un ejemplo clásico: en El padrino, hay espectadores que se sienten fascinados por Vito Corleone o por Michael, no por su violencia, sino por su capacidad de control, de silencio, de poder afectivo. En consulta, esa fascinación puede llevar a hablar de padres ausentes, de necesidad de protección, o de un deseo reprimido de autoridad.

Cine y repetición: ¿por qué volvemos a ver lo mismo?

Otra pista de que la transferencia está en juego es la repetición. ¿Por qué algunas personas ven una y otra vez la misma película? A veces lo hacen en momentos de crisis, de ruptura o de cambio. Como si algo en esa historia ofreciera un ancla emocional.

Freud decía que repetimos porque buscamos dominar lo traumático. En el cine, repetimos escenas que, aún sin entender del todo, contienen una carga simbólica que calma, excita o repara.

Revisar nuestras películas favoritas con una mirada analítica puede revelar más de lo que creemos. ¿Qué relación aparece idealizada? ¿Qué pérdida se repite? ¿Qué personaje representa a una madre imposible o a un padre ausente?

Cine y contratransferencia: cuando el terapeuta también se identifica

Así como el paciente transfiere, el analista también siente. Y en ese sentido, el cine puede funcionar como un espejo doble. Muchos terapeutas recurren al cine como una forma de pensar su propia práctica, sus límites, sus fantasías de salvación o su necesidad de comprender.

Películas como In Treatment, Antoine Fisher o Good Will Hunting han sido analizadas por profesionales para explorar los vínculos entre ética, deseo y cuidado terapéutico.

No desestimamos esos relatos. Los escuchamos con la seriedad de quien sabe que la psique también habla a través del arte. En ocasiones, sugerimos ejercicios simbólicos: escribirle una carta a ese personaje que incomoda o imaginar qué pasaría si ese diálogo se diera con una figura real de la vida del paciente.

Porque, a veces, es más fácil hablar de uno mismo cuando se habla de otro. Y el cine ofrece esa excusa perfecta: contar lo propio a través de una historia ajena.

Fuentes de información

Freud, Sigmund. The Dynamics of Transference. En Collected Papers, vol. 2. Londres: Hogarth Press, 1912.

Kristeva, Julia. Black Sun: Depression and Melancholia. Columbia University Press, 1989.

Lacan, Jacques. Escritos. México: Siglo XXI Editores, 1984.

Gabbard, Glen O. “Psychodynamic Film Criticism: From Identification to Engagement.” Journal of the American Psychoanalytic Association 58, no. 2 (2010): 441–453. https://doi.org/10.1177/0003065110362330

Oliver, Kelly. Witnessing: Beyond Recognition. Minneapolis: University of Minnesota Press, 2001.

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