Existe una forma de ansiedad que no se desencadena por un peligro inmediato, sino por la percepción persistente de que el suelo sobre el que se construía la vida dejó de ser firme. No aparece como un sobresalto, sino como una inquietud sostenida que acompaña incluso los momentos de calma, como si el cuerpo supiera algo que la conciencia todavía intenta ordenar.
Esta ansiedad, cada vez más frecuente en consultas clínicas y en estudios poblacionales, no se explica solo por rasgos individuales, sino por un contexto histórico concreto: un mundo marcado por crisis climática, volatilidad económica, transformación tecnológica acelerada y una redefinición constante de lo que significa “tener un lugar”.
La neurociencia contemporánea ha mostrado que el cerebro humano no está diseñado para vivir largos periodos de incertidumbre sin consecuencias. Cuando el entorno no ofrece patrones predecibles, el sistema nervioso mantiene activados los circuitos de anticipación y vigilancia, lo que genera un desgaste progresivo.
Grupe y Nitschke (2013) demostraron que la anticipación incierta activa de manera sostenida la amígdala y regiones prefrontales asociadas con el control cognitivo, lo que explica por qué la ansiedad asociada a lo desconocido resulta más persistente que aquella ligada a amenazas claras. Carleton (2016), en una revisión ampliamente citada, propuso que el miedo a lo desconocido funciona como un núcleo transdiagnóstico de los trastornos de ansiedad.
En términos marinos, no es la tormenta visible la que agota al navegante, sino la niebla espesa que obliga a mantener el timón firme sin saber cuándo llegará la costa.
Crisis climática: ansiedad sin resolución individual posible
La ansiedad climática introduce un tipo particular de malestar porque no se presenta como un problema acotado ni como una amenaza que pueda resolverse mediante acciones individuales simples. La investigación reciente indica que no se trata solo de preocupación ecológica, sino de una respuesta emocional compleja ante la percepción de un futuro ambiental degradado.
Clayton et al. (2017), en un informe clave de la American Psychological Association, mostraron que la exposición constante a noticias sobre cambio climático se asocia con sentimientos de impotencia, tristeza anticipatoria y ansiedad persistente, especialmente en jóvenes adultos. Estudios posteriores, como el de Hickman et al. (2021), revelaron que más del 45 % de jóvenes encuestados en diez países afirmaban que la ansiedad climática afectaba su funcionamiento diario y su visión del futuro.
El océano, que durante siglos simbolizó lo eterno, aparece ahora como un ecosistema frágil. Cuando incluso lo que parecía infinito se vuelve vulnerable, la mente humana pierde uno de sus anclajes simbólicos más antiguos.
Inestabilidad económica
La incertidumbre económica no solo compromete recursos materiales, sino que altera profundamente la organización psíquica. La posibilidad de planificar, posponer gratificaciones y construir proyectos depende de una mínima confianza en la continuidad.
Investigaciones en psicología económica han mostrado que la precariedad laboral sostenida se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión y deterioro del sentido de identidad. Panu (2020) subrayó que la inseguridad laboral no afecta únicamente el bienestar inmediato, sino que erosiona la narrativa personal, al volver incierto el lugar que uno ocupa en la sociedad.
Desde una lectura psicoanalítica, el trabajo funciona como uno de los principales organizadores simbólicos del yo adulto. Cuando ese organizador se vuelve inestable, la pregunta “¿qué hago?” se transforma en “¿quién soy si esto desaparece?”. Sartre ya advertía que la angustia emerge cuando el sujeto se confronta con la ausencia de garantías externas.
Inteligencia artificial
La expansión de la inteligencia artificial ha introducido una inquietud que va más allá del desempleo potencial. Estudios recientes indican que la automatización afecta especialmente a profesiones asociadas con identidad, creatividad y prestigio cognitivo.
Frey y Osborne (2017) anticiparon que un porcentaje significativo de empleos sería susceptible de automatización, pero investigaciones más recientes, como las de Acemoglu y Restrepo (2023), muestran que el impacto psicológico depende menos de la sustitución efectiva y más de la percepción de reemplazabilidad.
Cuando una máquina puede realizar tareas que antes definían la singularidad de un oficio, se produce una herida simbólica. El sujeto no solo teme perder ingresos, sino perder valor. Heidegger advertía que la técnica, cuando reduce todo a eficiencia, corre el riesgo de transformar al ser humano en recurso, erosionando su experiencia de sentido.
Identidad profesional: el yo en estado provisional
En las últimas décadas, la identidad profesional dejó de ser un relato estable para convertirse en una serie de transiciones. Cambios de rol, reentrenamiento constante y exposición permanente a la evaluación generan una identidad flexible, pero frágil.
La psicología del desarrollo adulto señala que la continuidad identitaria resulta crucial para la estabilidad emocional. Cuando los cambios se suceden sin tiempo para integrar las pérdidas, aparece una forma de ansiedad difusa que no siempre se reconoce como tal. Winnicott hablaba de la “continuidad del ser” como condición de salud psíquica; sin ella, el individuo puede funcionar, pero se siente internamente desarraigado.
Como una embarcación obligada a cambiar de rumbo sin llegar nunca a puerto, la mente se adapta, pero se fatiga.
Kierkegaard describió la angustia como el vértigo de la posibilidad. En el mundo contemporáneo, ese vértigo se intensifica porque las posibilidades no se organizan en trayectorias claras, sino en escenarios volátiles. Lao Tse, desde otra tradición, advertía que forzar el curso de las cosas genera desgaste; la armonía no surge del control total, sino de la capacidad de fluir sin perder dirección.
Esta perspectiva no elimina la ansiedad, pero la reubica. El problema no es que el futuro sea incierto, sino que seguimos esperando de él una promesa de estabilidad que ya no puede ofrecer.
La ansiedad como duelo
Esta ansiedad puede leerse también como un duelo colectivo: el duelo por la idea de progreso lineal, por la promesa de seguridad, por la fantasía de control. Freud señalaba que toda pérdida significativa exige un trabajo psíquico; cuando la pérdida no se reconoce, la angustia ocupa su lugar.
El mar no dejó de moverse. Lo que cambió fue la ilusión de que siempre estaría en calma.
Habitar este tiempo exige construir refugios internos, no para negar la incertidumbre, sino para poder mirarla sin quedar a la deriva. No se trata de eliminar la ansiedad, sino de comprenderla como una señal coherente de una época que pide nuevas formas de sentido.
Fuentes de información
Grupe, D. W., & Nitschke, J. B. (2013). Uncertainty and anticipation in anxiety. Nature Reviews Neuroscience. https://doi.org/10.1038/nrn3524
Carleton, R. N. (2016). Fear of the unknown: One fear to rule them all? Journal of Anxiety Disorders. https://doi.org/10.1016/j.janxdis.2016.03.011
Clayton, S., et al. (2017). Mental health and our changing climate. American Psychological Association. https://www.apa.org/news/press/releases/2017/03/mental-health-climate.pdf
Hickman, C., et al. (2021). Climate anxiety in children and young people. The Lancet Planetary Health. https://doi.org/10.1016/S2542-5196(21)00278-3
Panu, P. (2020). Anxiety, uncertainty, and the future of work. Journal of Business Ethics. https://doi.org/10.1007/s10551-019-04147-5
Frey, C. B., & Osborne, M. A. (2017). The future of employment. Technological Forecasting and Social Change. https://doi.org/10.1016/j.techfore.2016.08.019
Acemoglu, D., & Restrepo, P. (2023). AI and jobs. Journal of Economic Perspectives. https://doi.org/10.1257/jep.37.3.3

